Cuando tenemos conflictos es porque NO hay una aceptación total a lo que es.

Entramos en conflicto cuando estamos sosteniendo la idea en la mente de que el otro tiene que comportarse de manera diferente a lo que hace, o tiene que ver las cosas de la misma manera que yo, estamos pretendiendo que el otro cambie, o que la situación sea de otra manera, estamos dejándonos llevar por el control, queremos controlar la situación y que sea  como yo creo que debería ser.

Y la cuestión no es que entremos en un conflicto con alguien en un momento determinado, porque se dispare el impulso de querer defender tu punto de vista, esto puedo suceder, y de hecho sucede.

Lo más habitual, es que salgan estos patrones egoicos, y en vez de entrar en humildad y aceptación con el comportamiento del otro, tratamos de señalar esos puntos donde no se está comportando como creemos que se debería comportar. Al actuar de esta manera, ya estamos entrando en conflicto porque cada uno quiere defender su punto de vista. 

Aquí lo importante es hasta cuándo quiero sostener esta idea de querer tener razón, hasta cuando quiero mantenerme alejado, separado del otro, sin entendimiento, porque lo veo incorrecto, veo sus impulsos egoícos, o veo su mala energía o su buena energía incluso para defender su situación. 

¿Hasta cuándo quiero seguir viendo culpabilidad en el otro?

Cuanto más me mantenga alejado, ofendido y viendo culpable al otro, por sus hechos, más voy a estar en conflicto, porque estoy en una actitud de defender mi postura, porque estoy dándole atención a que el otro no actúa de manera correcta, se deja llevar por su ego, genera mala energía, rompe la armonía, y… nuestro enfado crece si sigo viendo esto de esta manera.

Aquí lo importante es minimizar el máximo tiempo posible el tiempo en el que mantengo esta visión, esta forma de ver la situación. 

Lo más sano y amoroso que puedo hacer es apartarme unos minutos, horas, días o lo que necesites y  conectar con el silencio, para conectar con la visión que hace que se disuelva de manera natural el conflicto, nos disponemos a observar la situación sin juicio solo observando, que impacto tiene en mi, como me siento ante esa situación. 

Poniendo todo el foco ahí en mi sentir, empiezo a liberar al otro de culpa, de juicio, porque me estoy centrando en mi, esta práctica de conciencia nos lleva a ver al otro inocente, verlo y sentir en mi corazón su inocencia, sentir su comportamiento y su actitud desde la perspectiva que está llevando a cabo una petición de amor, no desde la perspectiva de culpa, sino admitir que su nivel de conciencia en ese momento no pudo hacer otra cosa diferente de la que hizo. Y está pidiendo amor, porque en ese momento se ha desconectado de su esencia amorosa, y necesita volver a conectar, y puedo ayudarle, puedo rescatarle, desde mi calma, desde mi humildad.

Al ayudarle me estoy ayudando a mi, pero primero hay que conectar con la humildad, con esta visión, porque sino, no podemos rescatarle, no podemos rescatar a nadie viéndolo culpable y viendo con juicio su comportamiento egoíco. 

No podemos rescatar a nadie creyendo que él es el que está teniendo un comportamiento desequilibrado, y no tiene nada que ver conmigo, tendré que reconocer que lo que estoy viendo es una parte de mi, una parte consciente o inconsciente mía que ha proyectado ahí un conflicto, y esta toma de responsabilidad, es lo que hace que libere al otro de toda culpa, juicio y pueda verlo verdaderamente inocente.

  • Solo dándonos cuenta de su inocencia, podemos conectar con nuestra inocencia, todo lo que le doy a mi hermano me lo doy a mi, cuando estoy juzgando a mi hermano me estoy juzgando a mi.
  • Cuando puedo verlo inocente, me estoy viendo inocente a mi.
  • Aquello que le ofrezco es lo que me ofrezco.

Aprender a vivir de esta manera, nos libera, es una práctica diaria en cada relación, en cada encuentro, siempre tenemos la posibilidad de ir mas allá, elegir de nuevo unirme, ver lo que me une a ti no lo que me separa de ti.

Y esto no tiene nada que ver con la forma, con lo que yo haga en una situación, si estoy en una situación donde peligra mi integridad porque hay violencia y voy a salir lastimado, a nivel físico, me puedo salir del marco de la relación física con esa persona. Pero eso sí, después de hacer esta práctica, porque si me voy creyendo que el otro es culpable, seguiré atrayendo este tipo de situaciones, para darme cuenta de que hay otra forma de verlo.

Cuando creo que estoy siendo dañado emocionalmente por su comportamiento, estoy teniendo una visión egoíca de la situación, el ego te dice que el otro te puede dañar, te puede hacer daño, te puede hacer sufrir, y lo único que nos hace sufrir es nuestra interpretación de la situación, son nuestros propios pensamientos.

El otro sólo está detonando situaciones que yo mismo estoy proyectando para darme cuenta de que puedo hacer un cambio interno para poder ver esto de otra manera, y liberarme del juicio y de la culpa, y conectar con la compasión y la inocencia.

Cuando toda la atención va hacia dentro, hacia mi sentir, esto me pone en contacto conmigo, podré aceptar al otro, cuando primero me acepte a mi misma tal y como soy, pudiendo ver también nuestros comportamientos egoícos inocentes, no he podido hacerlo mejor en ese momento, pero trato de buscar ese espacio de quietud, de silencio, para entrar en meditación y conectar con el perdón, el perdón que no perdona pecados, creyendo que el otro nos ofende, sino el perdón que transforma la percepción personal en una visión global amorosa e inocente.

Pero insisto lo importante de todo es cuánto tiempo tardamos en conectar con esta visión, porque si estamos días, semanas, meses o incluso años, en una relación y no estamos viendo los conflictos de esta manera, siempre nos va a quedar el juicio hacia el otro y lo que nos molesta de él, nos seguirá molestando, y esto irá generando resentimiento y distancia…

Práctica de conciencia

La práctica de conciencia que estoy proponiendo, nos lleva al amor incondicional, a la aceptación total del otro tal y como es, con sus momentos buenos, y no tan buenos. Y lo que antes me molestaba deja de molestarme, porque entro en aceptación total de cómo es el otro, y lo dejo libre para hacer, actuar, comportarse como quiera sin que tenga que cumplir mis expectativas o mis apetencias.

Esta práctica de conciencia, es la verdadera visión, donde dejamos a un lado la percepción particular de cada uno, y conectamos con la visión del amor universal, esto es el verdadero perdón no dual, no hay nadie haciéndome nada, son mis propios pensamientos y mis propias percepciones las que me hacen sentir mal,  Perdonar significa amar incondicionalmente. Y el propósito de las relaciones es aprender a amar incondicionalmente.

Resolución de Conflictos de Pareja
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